Dra. Marilú Rojas Salazar | 2022
La Alquimia en la antigüedad y en la época medieval era la ciencia que usaban ermitañ@s, sabi@s, teólog@s, filósof@s y muchas mujeres consideradas brujas.1 Era el arte del estudio experimental de los fenómenos químicos de mezclar, pretendía descubrir los elementos que componían el universo, convertir los metales en oro, descubrir el elixir de la vida y de la eterna juventud o cómo vencer a la muerte, y uno de sus más preciados objetivos era descubrir la piedra filosofal que convirtiera en oro todos los metales.

Desde entonces, especialmente los hombres alquimistas tenían esa fijación, pues ello les daría toda la concentración del poder. Las alquimistas jugaban con los procesos de mezclas de hierbas, sustancias, realidades, especies y demás; para ellas no había una ‘pureza’ tal, no existían los cuerpos ‘puros’, sino las más diversas posibilidades de las mezclas. Mezclas de cuerpos, especies, naciones, sangres, fluidos, ideas, subversiones, militancias, compromisos, realidades políticas, sociales, culturales epistémicas y religiosas, y muchas otras mezclas. A eso es lo que yo llamo hibrideces, mezclas fruto del coraje creativo. Y lo coloco como una cualidad de los profetismos callejeros que son expresados en asambleas callejeras, marchas, mítines, protestas, como un derecho a levantar la voz que clama justicia en los desiertos urbanos. Menciono los desiertos urbanos porque, contradictoriamente, si pensamos en la urbe como un gran espacio sobrepoblado, también la urbe es hoy un espacio donde cada vez menos es escuchado el clamor de la justicia.
Traigo a este contexto de profetismos híbridos y emergentes, que estamos viviendo en las políticas feministas callejeras de protesta en toda Abya Yala, este concepto de ‘alquimia feminista’, pues eso es a mi juicio el fenómeno que estamos viviendo las feministas, entre marchas contra los feminicidios, protestas contra la desaparición de muchas mujeres, las jóvenes retornando el feminismo a la calle y liberándolo del encorsetamiento de la academia, las redes de compañeras cyberfeministas permeando el espacio virtual de conciencia crítica de género, mujeres buscadoras de familiares desaparecid@s, que ahora pasan de ser víctimas a ser militantes de una causa de justicia y dignidad; mujeres resistiendo contra el neocolonialismo patriarcal; defensoras de la tierra y de sus cuerpos territorio, defensoras del agua contra las lógicas extractivistas patriarcales neo coloniales del capitalismo devastador. Sin duda, estos son los movimientos proféticos que requieren coraje creativo y hoy denuncian con voz potente las injusticias que cruzan por los cuerpos, sexualidades y erotismos de cada mujer y de cada ser vivo. Por lo que he pensado en la alquimia como el arte creativo de las feministas en transformar el dolor y la violencia en un ejercicio de subversión epistémica-corporal y en el arte creativo de despatriarcalizar el mundo a través de sus sabidurías, conocimientos y entretejidos sororales. El arte de la mezcla de saberes cotidianos de las mujeres mediante la colectiva construcción de adquirir una conciencia crítica de género, de mezclas e hibridez es lo que nos ha venido hablando esta sociedad que evoluciona y va mutando velozmente. El arte creativo de combinar las causas más diversas en nuestras luchas cotidianas y en hacerle fisuras al sistema patriarcal neocolonial fundamentalista.
I. Alquimia de los movimientos callejeros
La alquimia como la ciencia de los cuatro elementos, la búsqueda de tinturas y medicinas sanadoras que en los feminismos comunitarios es un elemento central, me lleva a proponer la ‘alquimia feminista’, es decir, el arte de la mezcla de las diversas causas feministas, donde no hay feminismos puros, pero sí radicales, entendiendo por radicalidad el arte de descolonizar nuestros cuerpos-territorio, mentes, afectos y sentí-pensares del racismo, el sexismo y el clasismo. Otro día, una de mis alumnas me hacía ver que una corriente de feminismo cuestiona a los feminismos radicales; sin embargo, me hizo pensar que ciertamente no hay feminismos puros, pero que la radicalidad es un elemento integrante de los feminismos todos, un ingrediente al cual no podemos renunciar dentro de estas alquimias.
Apuesto por la alquimia como metodología en diálogo con nuestras diversidades y luchas cotidianas como la sabiduría de la mezcla, como la propone Ivone Gebara: “Hoy estamos intentando acoger la diversidad y la mezcla que somos, como desafío y única condición para que la vida se exprese en su multiplicidad sin límites. Por eso, muchas organizaciones de mujeres se mezclan con las muchas banderas que reivindican la dignidad humana a partir de la multiplicidad de situaciones.”2 La alquimia feminista es una mezcla de corporalidades, sexualidades, diversidades, luchas, territorios, realidades y vidas cotidianas de que se entretejen, siguiendo las metáforas de la alquimia como metodología de investigación y nuevas rutas de construcción del pensamiento, del discurso y la práctica de la vida cotidiana. Las mujeres no buscamos, como los alquimistas hombres, la piedra filosofal para la concentración del poder y convertir metales en oro, sino usamos la alquimia como el arte de combinar la vida, los saberes, los sabores, nuestros pequeños poderes, los deseos, las luchas y la vida cotidiana; como el arte de transformar nuestras vidas en mejores espacios vivibles para las más posibles. La alquimia hace vivir el feminismo como una lucha cotidiana, pero también como una magia creativa en la que nos es posible soñar, pero no con ingenuidad, sino soñar y recuperar la fe como confianza en las luchas de las compañeras que serán capaces de transformar sus entornos en espacios más vivibles y saludables. Sin embargo, para Gebara la contradicción es un elemento esencial de estas mezclas,3 ya que somos seres híbridos y nos mantenemos en la contradicción contra la lógica patriarcal de las purezas o de los binarismos, en los cuales se es bueno o malo, coherente o incoherente, de un grupo o del otro, mientras que la vida no es así. La contradicción es un ingrediente con el cual convivimos las feministas, como un ejercicio epistémico crítico y autocritico de nuestras propias certezas que atraviesan nuestras vidas cotidianas, y la alquimia es una ciencia y arte ancestral, descubierta en la vida cotidiana por las mujeres:
“En el siglo IV, un alquimista de Alejandría, Zósimo de Panópolis, recuperó parte de la obra de una mujer que había vivido uno o dos siglos antes que él y la incluyó en una recopilación de saberes antiguos, junto con otros sabios de la alquimia. En el siglo VIII aparece citada por un cronista de Bizancio y el árabe al-Nadim también inmortalizó su nombre en el siglo IX. Todos ellos nos hablan de una mujer de la que se sabe muy poco de su existencia. María la Judía, María la Hebrea o Miriam la Profetisa fue el primer nombre femenino relacionado con los saberes de la alquimia. Fue la creadora del procedimiento de calentamiento de sustancias de manera uniforme conocido popularmente como “baño María” y que aún al día de hoy se utiliza en laboratorios químicos. Y en muchas cocinas”.4
Porque es en la cotidianeidad de la vida donde descubrimos y vivimos la mezcla, la hibridez y el profetismo, especialmente cuando la salud de las mujeres y la necesidad de alimentar el cuerpo y otros cuerpos emerge como demanda de sobrevivencia imperante.5
II. Eco-ero-sofía: coraje creativo y fuerza espiritual feminista en las calles
Cuando hablamos de erótica estamos hablando de la fuerza interior que cada ser vivo posee, a la que llamamos espíritu. Y la cual emerge del coraje creativo de los cuerpos que se alían en las calles para protestar.
Esta fuerza es potencialmente política, en el sentido que busca el mayor bien posible para las más de las especies, no solo la humana, sino que establece relaciones de interdependencia, pues reconoce la necesaria armonía democrática entre todos los seres de los ecosistemas. La erótica es totalmente cuerpo-territorio, pues emerge de nuestras corporalidades, de nuestras cavernas internas, de nuestras porosidades y fluidos como fuerza de resistencia subversiva que se opone a los sistemas de dominio, sometimiento y mandatos de género. Esta fuerza que emana de nuestras sexualidades corpóreas es la que nos permite defender los cuerpos abyectos como los cuerpos-tierra, el cuerpo agua, el cuerpo-aire, el cuerpo-animal, los cuerpos selváticos, porque somos parte integrante de una corporalidad mayor llamada oikos. Una de las maneras de colonización de nuestros cuerpos como mujeres fue la mística sin cuerpo, sin deseos, sin placer, y sin pasión, lo que conducía ciertamente y en muchos casos a la depresión, a la neurosis o a la frustración en el mejor de los casos.
La mística fue el único camino que encontraron las mujeres para la expresión del erotismo, para manifestar sus deseos, reconocer sus placeres y registrar lo que pasaba con su libido. Es a partir de la mística como ejercicio erótico que las mujeres reconocieron el orgasmo como un valor de su propia corporalidad y sin que sus cuerpos fueran colonizados o manipulados por los varones. Esta fuerza que habita en nuestras cuevas vaginales y en nuestros sentidos se tornó peligrosa cuando encontramos en la mística el camino de recuperación de la erótica como fuerza subversiva, y es entonces cuando lo cotidiano de nuestro cuerpo se convierte en político, en la búsqueda de mayores bienes posibles, para las más mujeres posibles. Los cuerpos en alianza que se juntan para subvertir los sistemas en el espacio público son cuerpos que disfrutan la desobediencia sistémica y al juntarse generan políticas de cambio.
a) Erótica
Se trata de una palabra peligrosa a la hora de interpretarla, pues usualmente se confunde o es manejada desde la interpretación patriarcal y del mercado, como pornografía o prostitución. La colonización cristiana ha sido en gran medida la responsable de anular la erótica en las culturas afro-amerindias; “una cultura que, en nombre de la religión, exige renunciar a los instintos naturales, que solo consiente el eros domeñado y que está constituida sobre la violencia, no es una cultura sana, sino propiciadora de la enfermedad”.6
Esto se aplica también a las instancias religiosas que en aras de la moral han mutilado la fuerza vital de la pasión y el deseo que habita en cada ser vivo, a lo que llamamos erótica. Las culturas y las religiones que desdeñan el eros son espacios que enferman. Ejemplo de ello es la doble moral de las instituciones o los crímenes de pederastia y pedofilia que clérigos y pastores han cometido a lo largo de la historia, pues “expulsar del templo al erotismo, desecharlo y lanzarlo a la oscuridad y el oprobio, desgarró el corazón de la cultura indígena. A través de la represión de la sexualidad indígena, la moralidad católica sacudió la cosmología mesoamericana hasta sus cimientos”.7 Y no solo en Mesoamérica, también en otras culturas, el desprecio por el sexo, el placer y el deseo de los cuerpos ha ocasionado heridas en las personas y exilios de las instituciones religiosas.
La espiritualidad en el mundo mesoamericano es una espiritualidad sexual, es decir, cada ser vivo tiene una fuerza divina masculina y femenina a la vez que transita entre los cuerpos de manera fluida y dicha característica se conserva en los imaginarios sociales hasta nuestros días, expresada en su dimensión sagrada. En este sentido, la erótica es una categoría trans-teológica, porque no se ubica en una única deidad, sino que es comprendida como un cúmulo de saberes, una fuerza política y una postura mística subversiva que cada ser vivo posee; la cual emerge de los cuerpos violentados y diaspóricos que gimen por el deseo de una vida más digna, equitativa y justa en el contexto de América Latina y el Caribe. Dicha fuerza atribuida a lo sagrado transita en el imaginario cotidiano de las personas que viven estas realidades; tal es el caso del contexto mexicano, en el que cada día son asesinadas nueve mujeres, y todo el país es una fosa clandestina de cuerpos fragmentados, violentados, desparecidos de las formas más brutales y no imaginadas.
La erótica es un tributo de la divinidad, porque es la fuerza que emana para resistir contra la injusticia y la fuerza que se opone a las relaciones necrofilícas, es decir, al exterminio de los cuerpos por ser considerados desechables. “A menudo se le ha dado un nombre equivocado a lo erótico y se lo ha usado contra la mujer. Por esta razón, muchas veces nos hemos alejado de la exploración y consideración de lo erótico como fuente de poder y conocimiento, confundiéndolo con su opuesto, la pornografía. Pero la pornografía es la negación directa de lo erótico, porque representa la supresión de los verdaderos sentimientos. La pornografía enfatiza la sensación sin sentimientos”.8 Audré Lorde propone pensar la erótica como una fuerza vital, y agregaría que la erótica es una fuerza-fuente que nos permite resistir y oponernos a la violencia. De la erótica emana la capacidad de transgresión de los sistemas opresivos y violentos, la vitalidad para transformar los espacios de injusticia en espacios equitativos y sororales; también es la capacidad de analizar críticamente los discursos que anulan los deseos y la pasión que emana de nuestros cuerpos anhelantes de otras formas de vida digna. La erótica tiene una dimensión profundamente política, que permite reconocer el acto pornográfico como venta de cuerpos, de sexualidades y los exhibe para ser vulnerados.
Byung Chul Han describe la erótica como la fuerza interior que nos hace salir de nosotros mismos para encontrarnos con el otro (prójimo), mientras que el narcicismo, propio del modelo capitalista neoliberal, nos encierra en un modelo de lo igual (infierno) que nos deprime y hace que nos derrumbemos en nosotros mismos, porque nos discapacita para el amor a los diferentes.9 La erótica nos permite reconocer a los diferentes, a las otredades y hace que sea posible superar el miedo a lo ‘extraño’ o ‘raro’; mientras que el narcicismo capitalista genera fobias y depresión como imposibilidad del amor, la erótica saca de sí mismo la capacidad y fuerza del amor a lo diferente, extraño, raro o ajeno.
Sin embargo, la erótica no puede ser aislada de su relación con sophia, porque caería en el vacío de la ingenuidad o la ignorancia de no saber cómo orientar su fuerza, pasión y deseo. En el caso de sofía es necesario relacionarla con la erótica corporal en una armoniosa unión de sensualidad y placer, porque, sin ella, sofía queda mutilada, pues “la relación de los que buscan la sabiduría con sofía es enteramente sensual y erótica”.10 Por lo que me permito colocar la erosofía como una categoría epistémica desde el concepto hebreo más antiguo de conocer como relación de un amor apasionado, inteligente, crítico y audaz capaz de perder el miedo al placer de recreación de las relaciones entre todas las especies que habitan esta casa común llamada oikos.
b) Oikos
Tradicionalmente se ha interpretado el término griego como casa común, solo que este concepto, a mi juicio, tiene dos problemas epistémicos de fondo: por un lado, evoca la casa patriarcal y las relaciones jerárquicas que en ella se establecen a partir del modelo kyriocéntrico estratificado hasta los esclavos; de otro lado, la casa es un objeto que puede ser vendido o comprado a través de la lógica del mercado, es decir, funcionaba también como una unidad económico-social en la antigua Grecia. En este modelo, el pater familias – hombre blanco, rico, heleno y libre – ejercía su autoridad soberana como dueño del oikos, generando así una línea patrilineal desde el hombre más anciano hasta el más joven, siempre estableciendo las jerarquías patriarcales. Las mujeres, los niños, los esclavos eran una especie de ‘bienes’ o pertenencias del pater familias.
Luego entonces, ¿en qué sentido se tendría que abordar oikos? Pienso que, precisamente es desde el feminismo que se pretende estudiar como es que las relaciones que se establecen en el espacio común Gaia (tierra), que constituye el hábitat común de la humanidad, han sido relaciones de cosificación y mercadeo desde el modelo de relaciones patri-kyriarcales de dominación y explotación hacia quienes también habitan dicho espacio: mujeres, niños, comunidades LGBTTTIQ, pueblos originarios, ecosistemas, especies, entre otros.
Recuperar la tierra (Gaia) como un ser vivo y no como un objeto conduce a la co-responsabilidad intersubjetiva con ella, para transformar las relaciones de dominación-opresión-explotación en relaciones de equidad y derecho como ser viviente. Además de reconocer que existe una conexión político-ideológica entre la dominación de las mujeres y la naturaleza, también analiza la situación de crisis que vive el planeta, por la devastación que proviene de un mismo sistema patriarcal, el cual se fundamenta en el poder ‘sobre’; pretende deconstruir esta ‘naturalización’ y construir una propuesta en la que se nos reubica a los seres humanos dentro del lugar de la creación como parte de ésta y no como los únicos, los mejores o los que están por encima de ella. Para lograr esto, según la propuesta ecofeminista, se necesitan tres cambios fundamentales dentro de la reflexión teológica: 1) un cambio de antropología (modelo patriarcal vigente) hacia la despatriarcalización del. habitat común, 2) un cambio de epistemología, entendida ésta como otra manera de construir la expresión de lo sagrado, la simbología, el lenguaje y las metáforas acerca de divinidad y de la creación, así como las formas de conocimiento-sabiduría y, finalmente, 3) un cambio en la forma de comprender el amor: el cuerpo, la sexualidad, el erotismo, el deseo y el placer, especialmente en las mujeres, las comunidades LGBTTTIQ y los pueblos originarios. Todo ello como una de tantas formas para la superación de las fobias (miedos) que, desde el cristianismo, se instalaron en el imaginario colectivo.
Oikos-Gaia (casa-tierra) no solo es un ser vivo con derechos, posee también su fuerza interior (eros), y su propia sabiduría (sophia), de los que somos partícipes todos los seres que en ella habitamos: ero-eco-sofía. Esta fuerza profética la ubicamos como un coraje creativo callejero, anti sistémico, anti patriarcal, anti racista y anti colonial, que se expresa en el derrumbe de las esculturas falocéntricas, por parte de las jóvenes feministas.
Eros, oikos y sophia son fuerzas internas; cada una penetra en las demás y se deja poseer por ellas; cada una mora en la otra, se abre hacia afuera de sí misma e invita a las criaturas del universo a la vida divina en la humanidad plena. Esta fuerza inhabita nuestros cuerpos territorio, no solo los cuerpos humanos sino todos los cuerpos de la creación cósmica: los cuerpos-aire, los cuerpos-tierra, los cuerpos de plantas y animales, los cuerpos microscópicos, los cuerpos humanos, los cuerpos celestes y terrestres, para entrar en el reconocimiento de que la divinidad habita en toda la creación y clama justicia contra las lógicas extractivistas de los cuerpos-territorio.
III. La resistencia subversiva: nuestra fuerza espiritual feminista
La sabiduría clama en las calles,
Alza su voz en las plazas;
Clama en los principales lugares de reunión;
En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones.
(Proverbios 1, 20-21)
Los movimientos de protesta que estan surgiendo en muchas partes del mundo, pero especialmente en América Latina y el Caribe, y que claman por una vida más justa, equitativa y por la consecución de los derechos humanos, son la fuerza profética subversiva que resiste a toda forma de dominación neocolonial, racista, sexista, elitista y depredarora de los ecosistemas de esta casa común. La fuerza interior que mueve a estos grupos ‘callejeros’ para oponerse a los sistemas de dominación vigente es una fuerza espiritual profética de resistencia, si entendemos a la espiritualidad como la forma de situarnos ante la vida y sus avatares. Por ello no es un error afirmar que no hay una única forma de espiritualidad universal, sino espiritualidades plurales, diversas, interculturales y por ende, interreligiosas. Cada cuerpo-territorio tiene su fuerza y dinamismo interior espiritual que le ayuda a posicionarse ante su entorno vital. No podemos entonces hablar de la espiritualidad como una cualidad o característica humana, sino que cada ser viviente posee esa dimensión espiritual por ser obra y semejanza de su creador. No estoy afirmando un panteísmo (todo es Dios), sino un panenteísmo (Dios está en toda la creación); por ello, entre nuestros pueblos ancestrales cada ser vivo tiene su propio espíritu: el espíritu del bosque, de la tierra, de las plantas, de los animales. Los humanos compartimos esta dimensión o fuerza interior que nos ayuda a buscar el bien común y que parte del interior de nuestras corporalidades para resistir a las lógicas de exterminio. Las mujeres que salen a protestar a las calles emergen con su fuerza interior espiritual y, como la sabiduría del texto de proverbios, claman y alzan su voz en las plazas para demandar un mundo sin violencias, porque las espiritualidades feministas son situadas y contextuales, por lo tanto, tienen las siguientes características: son corporales, eróticas, políticas, cotidianas, comunitarias y sexuales.
Son corporales porque, a diferencia de la espiritualidad patriarcal, ésta si tiene cuerpo, cruza y se expresa a través de nuestros cuerpos de mujeres, huele y sabe a cuerpo de mujer, se expresa por nuestros fluidos, sudores, procesos hormonales, amores, deseos, dolores, sufrimientos y anhelos. Las mujeres no hacemos ni podemos comprender una espiritualidad sin cuerpo; por ello es que la espiritualidad es encarnada, la espiritualidad para nosotras es carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos. Porque las mujeres ponemos el cuerpo y todo lo que en él acontece: con el cuerpo amamos, trabajamos, resistimos, nos relacionamos, luchamos, protegemos, damos o no a luz hijos e hijas, experimentamos el placer; también con el cuerpo odiamos, sufrimos, herimos, violentamos, con el cuerpo maldecimos, destruimos y confabulamos venganzas. Y esto es parte de la espiritualidad, si por espiritualidad entendemos las fuerzas interiores de nuestro cuerpo que nos permiten posicionarnos ante la vida y sus avatares. El cuerpo es nuestro territorio, del que sí somos dueñas y señoras, donde cultivamos espiritualidades en resistencia y lucha, que a la vez son placenteras y gozosas.
Son eróticas, como amor deseante de una vida más justa y digna que nos hace salir de nosotras mismas para encontrarnos con las y los demás. Un amor que radica en nuestras cuevas vaginales placenteras para potenciar nuestras luchas políticas por la consecución de la justicia, el amor y la paz. Se trata de recuperar la erótica como categoría trans- teológica, como un cúmulo de saberes, una fuerza política y una postura mística subversiva, la cual emerge de los cuerpos violentados y diaspóricos que gimen por el deseo de una vida más digna, equitativa y justa. Eros, oikos y sophia son el amor apasionado de los saberes que habitan la casa común y la corporalidad que de ellas emana; las tres constituyen una de las propuestas proféticas contra los fundamentalismos religiosos neoliberales generadores de múltiples fobias que hieren la expresión cristiana con el rechazo a las corporalidades, razas, culturas y sexualidades diversas. La eroecosofía surge del deseo de una experiencia divina inmanente, representando la fuerza nuclear apasionada, que une dicha trinidad: eros-oikos sofía humanizante, en contraposición al Dios patriarcal mercado que propone la pornografía como recurso material en venta, que exhibe cuerpos fragmentados y la obscenidad de cuerpos desechables, especialmente los de las mujeres, niños, personas sexualmente diversas, cuerpos racializados y migrantes. Sobre este punto volveré en el siguiente apartado.
Son políticas, porque de la erótica emana la capacidad de transgresión de los sistemas opresivos y violentos, la vitalidad para transformar los espacios de injusticia en espacios equitativos y sororales; también es la capacidad de analizar críticamente los discursos que anulan los deseos y la pasión que emana de nuestros cuerpos anhelantes de otras formas de vida digna. Las espiritualidades feministas políticas subversivas nos seducen para salir al espacio público y, con nuestros cuerpos sexuados, clamar justicia, romperlo todo para hacernos oir, pues estamos cansadas de decirlo, bien, bonito y de buenas sin conseguir nada. Es increíble como el sistema capitalista neoliberal de corte patriarcal, racista, sexista y elitista nos niega el poder político, entendido éste como la capacidad de conseguir el mayor bien y la consecución de derechos para todas las mujeres.
Son cotidianas porque lo cotidiano ha de ser político, es decir, que las espiritualidades feministas tienen como punto de partida lo que hacemos día a día las mujeres, los saberes epistemológicos, las tareas que han sido invisibilizadas y despreciadas o infravaloradas; es ahí donde acontece el encuentro con lo sagrado, porque nuestra vida y cuerpos son sagrados. No solo en las grandes manifestaciones teofánicas, sino en lo epifánico de la vida cotidiana. Por eso es que la casa ha de convertirse en un espacio político subversivo donde confabulamos, conspiramos nuestras luchas y nos damos el espacio para el descanso y el deleite. Las conspiraciones revolucionarias, el origen del cristianismo, los liderazgos se han gestado en casas para potenciar grandes triunfos. Son comunitarias porque las espiritualidades feministas son sororales, es decir, son espiritualidades que pactan con otras mujeres, con otras hermanas. No son individualistas y rompen con los protagonismos únicos, pues en el modelo patriarcal solo hay un privilegiado que es el iluminado o la iluminada; nuestras culturas ancestrales nos enseñaron que son manifestaciones colectivas en donde conseguimos la relación. Reconocer la divinidad en presente como comunión de personas plurales y diversas, al fin y al cabo, eso es la Trinidad.
Son sexuales, porque la espiritualidad en el mundo latinoamericano y caribeño es una espiritualidad sexual, es decir, cada ser vivo tiene una fuerza divina masculina y femenina a la vez, que transita entre los cuerpos de manera fluida y dicha característica se conserva en los imaginarios sociales ancestrales hasta nuestros días, expresada en su dimensión sagrada. Aquí emerge la sexualidad como una fuerza política de denuncia.
Conclusión
La eco-ero-sofía es una fuerza política callejera que se posiciona como un eje profético de subversión y denuncia de los sistemas patriarcales que colocan a las diferentes corporalidades como desechables y están exponiendo la vida del cuerpo que nos hospeda que es la tierra. Esta fuerza profética es una característica que emerge de los cuerpos abyectos (basurizados) y emerge de la comunidad intra trinitaria a la que llamamos Dios para defender las causas de quienes son considerados desechables en la era del capitaloceno. Las teologías feministas decoloniales construyen sus propuestas desde estas aristas de la espiritualidad escapando así al encorsetamiento de las religiones, ya que la espiritualidad es una cualidad de todo cuerpo viviente.
- Parte de este trabajo es fruto del conversatorio realizado con la Doctora Ivone Gebara, la Dra. Maricel
Mena López y la Dra. Marilú Rojas Salazar en el marco del aniversario de la cátedra Baez Camargo de la
Comunidad Teológica de México. ↩︎ - Ivone Gebara, Filosofía Feminista. Brevísima introducción (Montevideo: Doble Clic, 2014), 38. ↩︎
- Gebara, Filosofía Feminista, 36. ↩︎
- https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_la_Jud%C3%ADa#Ba.C3.B1o_Mar.C3.ADa consultado el 6 de julio 2021; María la judía era una especie de ermitaña, curandera o asceta del desierto, mal
vista. ↩︎ - Cf. Marilu Rojas Salazar, “Sophias”, Revista Interdisciplinar de teología feminista, 3, 5 (2021: 25-34. ↩︎
- Susanne Schaup, Sofía. Aspectos de lo divino femenino (Barcelona: Kairos,1999), 57. ↩︎
- Sylvia Marcos, Tomado de los labios: género y eros en Mesoamérica (Quito: Abya Yala, Universidad
Politécnica Salesiana, 2011), 137. ↩︎ - Audré Lorde, “Lo erótico como poder”: http://lesbianas_estadea.tripod.com/lo_erotico_como_poder.htm, consultado el 21 de abril de 2019. ↩︎
- Byung Chul Han, La agonía del eros (Barcelona: Herder, 2014), 9-18. ↩︎
- Schaup, Sofía, 41. ↩︎
Bibliografía
Gebara, Ivone. Filosofía Feminista. Brevísima introducción. Montevideo: Doble Clic, 2014.
Han, Byung Chul. La agonía del eros. Barcelona: Herder, 2014.
Marcos, Sylvia. Tomado de los labios: género y eros en Mesoamérica. Quito: Abya Yala. Universidad Politécnica Salesiana, 2011. Lorde, Audré. “Lo erótico como poder”: http://lesbianas_estadea.tripod.com/lo_erotico_como_poder.htm, consultado el 21 de abril de 2019. 148
Ephata, 4, no. 2 (2022) : 133-148
Rojas Salazar, Marilu. “Sophias”. Revista interdisciplinar de Teología Feminista, 3, 5 (2021): 25-34.
Schaup, Susanne. Sofía. Aspectos de lo divino femenino. Barcelona: Kairos,1999.
https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_la_Jud%C3%ADa#Ba.C3.B1o_Mar. C3.ADa, consultado el 6 de julio 2021.

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