El presente artículo tiene la finalidad de colocar la reflexión teológica ecofeminista como una propuesta de análisis epistémico ante la realidad apremiante del feminicidio y el ecocidio en el contexto de emergencia que vive la humanidad; especialmente en América Latina y México. Analiza críticamente y señala a los sistemas patriarcales como responsables de estas dos catástrofes, ante las cuales somos éticamente responsables de forma activa o pasiva. Además, propone desde la herramienta heurística de género la recuperación de la erótica como una alternativa posible para comprender la teología en carácter liberador para los cuerpos abyectos: mujeres y ecología.

Ecocidio y feminicidio

Escribo desde el profundo dolor y miedo que me causa vivir en el país donde se ha gestado una cultura feminicida. Desde la angustia epistémica de ser parte de la generación que ha contribuido activa o pasivamente a la devastación de la selva amazónica, la selva africana y el derretimiento de la Antártida. Desde esta angustia que atraviesa mi corporalidad, coloco la pertinencia de reflexionar a partir de la teología ecofeminista tales “emergencias”.La sistematización violenta para aniquilar los cuerpos de las mujeres y el cuerpo de la tierra en las selvas de la Amazonía, Angola, Zambia y República del Congo. La zona amazónica perdió en los últimos 33 años, 47 millones de hectáreas de bosque. Con el incendio ocurrido en 2019, Brasil perdió 86 millones de hectáreas de bosque.1 Todo apunta hacia un mismo sistema responsable: el patriarcado expresado en el sistema capitalista neoliberal aliado a los sistemas conservadores religiosos. Ambos desean y mantienen la lógica de dominio sobre los cuerpos abyectos o cuerpos basurizados, no sólo de la tierra y de las mujeres, sino también de aquellos cuerpos considerados no hegemónicos o simplemente diversos por su sexualidad, color de piel, o por su pobreza, aporofobia, como lo llama Adela Cortina.2

En el caso de México, para septiembre de 2019 se tenían registrados mil 199 casos de feminicidio,3 con lo cual se constata que la violencia contra las mujeres ha ido en aumento en lugar de disminuir. Nos encontramos ante una sociedad feminicida que aprendió el desprecio hacia las mujeres desde su infancia, como bien afirma Marcela Lagarde. La pregunta es por qué el feminicidio va en aumento, aun después de constatar las luchas reivindicativas de las mujeres en marchas, protestas, luchas políticas por conseguir los derechos sexuales y reproductivos. Parece que el patriarcalismo sistémico emerge ahora con más fuerza para castigar a las mujeres que se atreven a exigir sus derechos. Hay una especie de ira patriarcal que se resiste a caer, estableciendo alianzas con los sistemas políticos y religiosos de línea cada vez más conservadora y anti-democrática, como es el caso de algunos grupos neopentecostales. Ante esta situación grave que vivimos como humanidad, coloco la reflexión teológica ecofeminista en tres niveles: definir y clarificar los sustentos teológicos del ecofeminismo, clarificar el concepto liberación desde la teo/alogía ecofeminista, y colocar la erótica como clave heurística de los cuerpos y territorios en dicha teología.

Teo/alogía4 ecofeminista

La teología ecofeminista “pone en evidencia las vinculaciones de todas las formas de opresión y violencia, desde la opresión de las mujeres en el interior de la familia hasta la destrucción del planeta”.5 También hace un análisis crítico deconstructivo de los argumentos que asociaron a la mujer con la naturaleza, y las conectaron a ambas como dos fuerzas que debían ser dominadas, sometidas y controladas por los hombres.

El ecofeminismo no está proponiendo un naturalismo, ni un retorno esencialista-biologicista, como tampoco es partidario de usar el término de la ley natural como instrumento de dominación de la mujer y de la ecología. Pretende deconstruir este esencialismo, no desde fuera del problema, sino desde dentro, es decir, desde la experiencia de las mujeres pobres en la vida cotidiana, desde sus necesidades y realidades de sufrimiento, muerte, pobreza e injusticia. Por lo tanto, se asume el riesgo y la tendencia a posponer una agenda para dar prioridad a otra. Y a pesar de reconocer estos límites, el ecofeminismo critica objetivamente la tendencia a la negación o separación de agendas (feminismo y ecología), pues ésta constituye justo uno de los elementos que sustentan al patriarcado, y que el propio feminismo critica y pretende deconstruir, por lo que es necesario cambiar nuestros conceptos de naturaleza, cultura y territorio.

La propuesta de superar una lógica de la dominación por una lógica democrática, no sólo en el nivel epistemológico, sino también relacional, es un elemento fundamental que sigue vigente en la reflexión ecofeminista. No es suficiente considerar que la liberación de las mujeres consiste únicamente en incorporarlas a los sistemas de relaciones ya existentes o al mundo cultural de los hombres, sino que implica un cambio en las relaciones de los seres humanos entre sí y de éstos con la naturaleza. El cambio de relaciones demanda también una nueva concepción de lo que se entiende por naturaleza y el reconocimiento humilde del ser humano, de su lugar en el mundo, que ciertamente no es el antropocéntrico.

La teología ecofeminista latinoamericana reconoce que existe una conexión político-ideológica entre la dominación de las mujeres y la naturaleza. También trata de dar respuesta a la situación de crisis que vive el planeta por la devastación que proviene de un mismo sistema patriarcal, el cual se fundamenta en el poder sobre. Dicha conexión es el cuerpo como territorio que se habita, es decir, el cuerpo de la mujer y el cuerpo de la tierra son territorios en disputa, pues ambos se han concebido como objeto de pertenencia, herencia, o dueñez del patriarcado a través de los cuales se demuestra el poder masculino.

El ecofeminismo holístico en el cual se asienta esta teología tiene como fundamento una actitud hermenéutica radical antipatriarcal. Busca proponer una teología nueva, inclusiva, capaz de reconstruir totalmente la teología desde el método de suspicción (sospecha) y desde una base epistemológica distinta a la patriarcal (ecosofía), que se caracteriza a su vez por una visión cosmológica inclusiva o un pacto entre las especies. Para lograr esto, utiliza las teorías de género como herramientas de deconstrucción y reconstrucción de sus argumentos. De esta manera, la teología eco-feminista pretende mostrar una teología encarnada en la vida cotidiana, es decir, mostrar cómo la sabiduría divina está inmersa en toda la creación (panenteísmo).

El concepto de liberación desde la perspectiva de la teo/alogía ecofeminista

Las mujeres latinoamericanas y caribeñas ubican la liberación dentro del marco histórico, político, económico, social y religioso del continente,6 así como en el marco de los fenómenos lamentables de feminización de la po-breza, violencia sexual y feminicidio como un proceso acelerado en el que la mujer es el principal objeto.7 La razón primordial que las mujeres dan para explicar la feminización de la pobreza es que ésta no es sólo una cuestión económica-estructural, sino que su primera causa es la dominación patriarcal, la exclusión por razón de género y de raza.

La segunda razón es la injusticia que ha mantenido la lógica de la desigualdad entre hombres y mujeres, entre la especie humana y las demás especies, entre señores y siervos (kyriocentrismo). La lógica de la desigualdad ha quitado no sólo poder a las mujeres, también ha anulado su identidad, a tal grado que ellas mismas no saben quiénes son.8 De manera que han tenido que ser definidas por los hombres, apelar a un genérico absurdo de un lenguaje donde siempre están excluidas bajo la apariencia hipócrita de inclusión de las normas del lenguaje sexista.

La tercera razón es la falta de formación crítica a causa de una cultura de corte patriarcal que ha impedido a toda costa el desarrollo integral de la mujer y el reconocimiento a sus derechos, y la ha confinado al espacio privado. De tal forma que las mujeres pobres, además de vivir la marginación económica y de género, también viven la marginación a causa de la cultura. Esta marginación cultural las priva de la posibilidad de tener una vida digna, un empleo, una profesión y una vida saludable.

Para las teólogas feministas latinoamericanas y la teología ecofeminista, la liberación significa: a) la recuperación de la identidad, b) la demanda al derecho de la igualdad, c) la conquista de la autonomía que les da el poder de tomar decisiones, d) constituirse como sujetos (mujer- naturaleza), e) mantener la relacionalidad que caracteriza a las mujeres, f) establecer relaciones de interdependencia con su entorno y, finalmente, g) apostar por una teo/alogía panenteísta capaz de descubrir la expresión divina en todo el cosmos.

a) Identidad: las teólogas latinoamericanas coinciden en la necesidad no sólo de romper los silencios, sino de deconstruir la exageración identitaria de las mujeres asignada por el mundo patriarcal, para permitirles descubrirse a sí mismas. Ello implica que la liberación “ponga en crisis una imagen femenina inculcada en ella por la cultura patriarcal y comienza un proceso en busca de una nueva personalidad, que no podrá dejar de lado la dimensión de la gratuidad y de la afectividad”.9 La deconstrucción de la identidad de las mujeres latinoamericanas implica romper los estereotipos de género asignados por una cultura que aprendió el desprecio de lo femenino y que ahora se caracteriza por ser una sociedad feminicida. El ecofeminismo teológico se fundamenta en el principio de humanización-encarnación, pues para muchas mujeres habitar un cuerpo de mujer implica haber sufrido la dominación, y en muchos casos, la violación y la instrumentación que las convierte en cuerpos reducidos a objetos o cuerpos basurizados. Es el caso del feminicidio, el cual se ha incrementado enormemente a raíz de las luchas feministas como una ola de enojo, revancha o castigo de la ola patriarcal enfurecida y azuzada muchas veces por grupos religiosos de corte fundamentalista.

La teología ecofeminista apunta hacia la constitución de la subjetividad de las mujeres y tiene como punto de partida una conquista de la autonomía y una reconstrucción de la dignidad robada por el patriarcado. La recuperación de dicha subjetividad, luego entonces, implica la recuperación de la dignidad, el respeto y el reconocimiento de la dignidad de seres humanos a la que tienen derecho las mujeres, especialmente si han sido marginadas y excluidas de tal derecho, “es el reconocimiento radical de que las mujeres son personas”.10

La identidad de las mujeres no puede fundamentarse en un cierto estereotipo de roles construidos y asignados por los hombres de una determinada sociedad, por muy religiosa y cristiana que sea. “Las mujeres no son damas, esposas, sirvientas, seductoras o bestias de carga, sino ciudadanas plenas”.11 Por lo tanto, las teólogas feministas y ecofeministas afirman y parten del principio de que “todo ser humano es una realidad encarnada y adentrarse en la experiencia de su corporeidad es adentrarse de un modo privilegiado en el conocimiento y la comprensión de su identidad”.12

En mi opinión y de acuerdo con otras teólogas, la identidad cristiana de las mujeres debe ser re-construida o re-hecha. Para hacer esta afirmación me fundamento en las palabras de Jon Sobrino, quien afirma que “el verdadero ser humano se manifestó en un ser humano concreto, cuya concreción debe ser re-hecha a lo largo de la historia. En este sentido, la identidad cristiana tiene que ser siempre re-hecha y tiene que buscar siempre sus mediaciones históricas”.13 Así se evita caer en un esencialismo identitario y fijo del concepto de ser humano.

Re-hacer o re-crear la identidad de las mujeres es una labor que ellas deben realizar desde sus propias experiencias históricas, desde su corporalidad y desde sus propios contextos. Por lo que no existe una identidad predefinida, estática y absoluta, y menos universal. Sin embargo, esta construcción debe asociarse al proceso de visibilidad, a la construcción de nuevos sujetos de la historia, al empoderamiento de las mujeres, así como al desarrollo de su propio protagonismo caracterizado por la relacionalidad, la equidad, la autonomía y la interdependencia.

La autocrítica característica del feminismo nos pone alertas ante la construcción identitaria de las mujeres en América Latina. Demanda cuidar no caer en una visión naturalista, universalista y esencialista, pues de acuerdo con la filósofa Celia Amorós, la identidad es una construcción social como lo son el género, la sexualidad, y la raza. Para Celia Amorós, “todas las identidades son ‘construcciones sociales’, tanto las individuales como las colectivas, son el resultado de los procesos de lucha social, cultural y política, de luchas por el poder y por imponer ciertas definiciones de identidad frente a otras”.14

Desde luego, no se trata de anteponer unas identidades a otras, pero sí de buscar la manera de establecer relaciones de igualdad entre todos los seres que compartimos la comunidad cósmica y humana. Aquí es donde entra la ecología como nuevo sujeto histórico y teológico desde la visión del ecofeminismo.

Al igual que Jane Freedman, pienso que la teología ecofeminista se postula a favor de la reconstrucción de identidades colectivas, que no sean fijas e inmutables, como fuerza política y poderosa: “Para seguir siendo una fuerza política y poderosa y una fuerza de cambio, el feminismo debe asumir algún tipo de identidad colectiva de las mujeres, reconociendo al mismo tiempo la diferencia. Esta identidad colectiva se puede encontrar en una causa común: la lucha contra la opresión de cualquier tipo”.15

La reconstrucción de identidades para la teología ecofeminista, desde luego, apuesta por la superación de las diferencias en cuanto que éstas se utilicen como mecanismos de opresión. Cuestiona que sea la identificación de las mujeres con la naturaleza y la biología la causa de la marginalidad, afirmando que es la distancia que el ser humano masculino ha tomado con respecto a la naturaleza para explotarla y oprimirla la causa de tal exclusión.16 En resumen, la utilización material de la naturaleza y de la mujer son las causas de dicha explotación, por lo que se requiere un análisis crítico del materialismo patriarcal capaz de analizar el origen de las desigualdades.

b) Igualdad: la liberación en la teología ecofeminista significa, en primer lugar, “que todas las mujeres tengan asegurados no sólo sus derechos, sino también el reconocimiento, el bienestar y la dignidad como ciudadanas de pleno derecho”.17 En segundo lugar, este reconocimiento no puede darse sin “la lucha contra las multiplicativas y entrelazadas estructuras de dominación, tales como la raza, la clase, el género, el heterosexismo y el nacionalismo etnicista”.18 Esto es a lo que las teólogas feministas y ecofeministas llaman el derecho de igualdad.

La teología ecofeminista latinoamericana sostiene que la libertad y la liberación deben ser comprendidas en la total erradicación de los sistemas de dominio establecidos por el sistema patriarcal, lo cual significa que

lógica e históricamente, esta concepción implica el fin del dominio del hombre sobre la naturaleza no humana, de los hombres sobre las mujeres. En consecuencia, las teorías de liberación tendrían, según las pretensiones declaradas, que o bien revelar y anular las conexiones entre la relación de los sexos como conexiones de lógica señorial y de identidad o bien fundarlas de nuevo desde y como una perspectiva emancipada. Cabría esperar entonces que la relación hacia la naturaleza y las relaciones entre los sexos ocupasen de forma no dominante un lugar social.19

El ecofeminismo pugna por la igualdad y no por la diferencia. La principal razón que sustento para inclinarme hacia la igualdad es que entre más se enfatiza la diferencia, mayor es la desigualdad. La segunda razón es que, en aras de defender la diferencia, las mujeres siempre estaremos en la mirada de los hombres como el otro, el cual debe dominarse por ser extraño, raro, o el objeto a ser controlado. Así, la otredad termina justificando las fobias de los hombres de cualquier tipo, ya sea de ellos hacia las mujeres, de los hombres heteronormativos hacia las diversidades sexuales, de los humanos hacia la naturaleza y hacia los demás seres. De esta manera hemos sido testigos de que la diferencia se justifica en su actuar, desde los nacionalismos exacerbados hasta los racismos crueles, pasando por la homofobia, la transfobia o la xenofobia.

La intención de mi trabajo no es entrar en la polémica entre igualdad y diferencia, cuyo debate ha sido librado por varias de las pensadoras feministas. Así que tomo distancia de esta discusión y me inclino por la opinión de Mary Mellor, quien afirma que la centralidad y objetivo del ecofeminismo es mostrar “el papel de la desigualdad de sexo/género en la construcción de las relaciones humanidad-naturaleza. Este enfoque no significa que el ecofeminismo hunda a lo social en lo biológico/ecológico, pero tampoco busca separarlos radicalmente”,20 postura con la que estoy de acuerdo.

Pretendo abordar el tema de la igualdad desde el punto de vista de M. Elena Simón Rodríguez, como equidad, equipolencia y equipotencia.21 La equidad como igualdad de derechos, igualdad de valoración, igualdad de oportunidades, igualdad de trato e igualdad de condiciones. La equipolencia es el equilibrio entre los polos, es decir, entre la construcción social de lo femenino y lo masculino, y evita el desbalance entre el peligro de los radicalismos que enfatizan el poder de unos sobre otros. Lo cual no implica perder la fuerza de la radicalidad del ecofeminismo. La equipotencia entendida como la capacidad de ejercer el poder por igual entre hombres y mujeres, enfatizando desde luego que, las mujeres deben ser empoderadas en el sentido de tomar sus propias decisiones, el reconocimiento de sus garantías individuales y derechos humanos, y el ejercicio de los liderazgos en cualquier ámbito de la vida.

La teología ecofeminista latinoamericana afirma que no puede haber liberación si se mantienen las desigualdades de clase, género, raza, sexo y nación en las relaciones humanas, y si se continúa teniendo un vínculo de dominio en las relaciones: humanidad-humanidad y humanidad-naturaleza. Por esta razón, tiene entre sus objetivos “desmantelar el artificio ideológico que divide a la humanidad de la naturaleza”.22 Otro de los retos que debe enfrentar la teología ecofeminista latinoamericana es deconstruir la asociación de la mujer, los indígenas y las poblaciones afroamerindias con la naturaleza, como si éstos fueran “el sucio secretito de que la humanidad surge de la naturaleza no humana”.23

La liberación cobra sentido para la teología ecofeminista en la lógica de la igualdad, lo cual significa que “la igualdad no implica la eliminación de la diferencia, y la diferencia no impide la igualdad”.24 La igualdad y la cultura, como bien afirma M. Elena Simón Rodríguez, son dos conceptos que no vienen de la naturaleza, sino que son construcciones sociales.25 La sumisión sostenida por el patriarcado afecta gravemente tanto a las mujeres como a los ecosistemas. La teología ecofeminista denuncia que a pesar de que hay una igualdad formal, la desigualdad práctica y real es mayor, pues “el machismo mata, el sexismo maltrata y el androcentrismo contamina el ambiente”.26 Por ello es que la teología ecofeminista denuncia proféticamente el feminicidio y el ecocidio como el resultado de una misma fuente patriarcal.

Las ecofeministas como Mary Mellor sostienen que “la igualdad femenino/masculino es la condición natural de la humanidad”.27 Y que la fuente del conflicto entre las relaciones humanas radica en el no reconocimiento de su pertenencia a la naturaleza y de su inmanencia en ella.28 Por ahora, sólo queda afirmar que no puede haber liberación sin igualdad, y una igualdad práctica y real, no solamente formal. Para ello se requiere una conversión del pensamiento, de las ideologías y de las actitudes del sistema patriarcal que imperan en la sociedad actual y que existen con su consentimiento.

c) Empoderamiento y autonomía: para que la igualdad sea real y no un espejismo ideal, es necesaria la equipotencia, es decir, que las mujeres tengan poder y lo ejerzan con autonomía. Sólo así puede realizarse el proceso de liberación. Este término para las feministas está asociado con la emancipación, la independencia y el poder de decisión.29 Para las mujeres latinoamericanas no hay un camino ya hecho de liberación o un modelo liberador. Cada mujer, cada una y cada día, va haciendo su propio camino de liberación, partiendo del principio de que ninguno es mejor que otro. La posibilidad de adquirir conciencia de este proceso es lo que conduce a la autonomía y al empoderamiento a partir de las realidades de cada mu-

jer, porque no hay una única forma de ser mujer, sino diversas formas de serlo.

La autonomía y el poder de las mujeres, de acuerdo con la feminista Marcela Lagarde, deben abordarse desde varios puntos de vista: filosófico, político, económico, psicológico y ético.31 La autonomía de las mujeres no es algo que ya está construido, sino una realidad por construir, al igual que el poder, y ninguno de ellos puede deslindarse del concepto de liberación. Para Lagarde y otras feministas, “la autonomía es parte de la alternativa feminista libertaria”.32La autonomía y la liberación son dos procesos de carácter histórico que conducen al reconocimiento de las mujeres como sujeto. Un sujeto con autoridad capaz de ejercer la categoría del poder. Para Lagarde, “la autono-mía tiene un doble significado: uno, estamos construyendo la autonomía, y dos, nos identificamos como mujeres en la autonomía”.33La constitución del pobre como sujeto histórico, y en el caso del eco-feminismo, la constitución de la mujer y la naturaleza como sujetos histó-ricos, es uno de los puntos clave de las teologías feministas. Sin embargo, la teología ecofeminista enfatiza, en palabras de Marcela Lagarde, que “la autonomía se constituye. No es algo natural, no está dada; no es parte de

Conclusión 

Las teologías ecofeministas construyen propuestas de carácter epistémico que denuncian a los sistemas patriarcales y construyen espiritualidades que escapan del encorsetamiento de las religiones.

  1. “El Amazonas perdió 47 millones de hectáreas de bosque en los últimos 33 años”, Infobae, consul-tado el 2 de septiembre de 2019, https://www.infobae.com/america/america-latina/2019/08/30/el-amazonas-perdio-47-millones-de-hectareas-de-bosque-en-los-ultimos-33-anos. ↩︎
  2. Adela Cortina, Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia (Barcelona: Paidós, 2017). ↩︎
  3. “Alertan por alza de feminicidios en México durante 2019”, 24 Horas, consultado el 2 de septiembre de 2019, https://www.24-horas.mx/2019/07/06/alertan-por-alza-de-feminicidios-en-mexico-du-rante-2019. ↩︎
  4. El término fue acuñado por la teóloga Naomi Goldenberg. Tealogía es un término que se usa para referirse a la divinidad en categorías del lenguaje inclusivo de género: dios y diosa. Se apela al uso de la metáfora de dios como padre o de la diosa como madre en sentido analógico. Yo lo utilizaré apelando al derecho de nombrar a la divinidad a partir de la experiencia de las mujeres, y para romper con la hegemonía del lenguaje patriarcal hegemónico que nos excluye de su representación a las mujeres. ↩︎
  5. Ivone Gebara, Intuiciones ecofeministas. Ensayo para repensar el conocimiento y la religión (Madrid: Trotta, 2000), 32. ↩︎
  6. Tepedino y Ribeiro Brandao, “Teología de la mujer en la teología de la liberación”, en Mysterium Liberationis, vol. I., ed. Ignacio Ellacuría y John Sobrino (Madrid: Trotta, 1990), 288. ↩︎
  7. Margot Bremer, “La mujer en la Iglesia latinoamericana”, en 10 palabras clave sobre la Iglesia en América Latina, ed. Pablo Richard (Navarra: Verbo Divino, 2003), 265. ↩︎
  8. Bremer, “La mujer en la Iglesia latinoamericana”, 267. ↩︎
  9. Ana María Tepedino y Margarida L. Ribeiro Brandao, “Teología de la mujer en la teología de la liberación”, 288 ↩︎
  10. Elisabeth Schüssler Fiorenza, En la senda de Sofía: hermenéutica crítica para la liberación (Bue-nos Aires: Lumen-isedet, 2003), 12. ↩︎
  11. Schüssler Fiorenza, En la senda de Sofía, 12. ↩︎
  12. Elisa Estévez López, “Identidad”, en 10 palabras clave en teología feminista, ed. Mercedes Navarro y Pilar de Miguel (Navarra: Verbo Divino, 2004), 315. ↩︎
  13. Jon Sobrino, “Identidad cristiana”, en Nuevo diccionario de teología, ed. Juan José Tamayo Acosta (Madrid: Trotta, 2005), 446 ↩︎
  14. María Xosé Agra, “Multiculturalismo, justicia y género”, en Feminismo y filosofía, ed. Celia Amorós (Madrid: Síntesis, 2000), 141. ↩︎
  15. Jane Freedman, Feminismo, ¿unidad o conflicto? (Madrid: Narcea, 2004), 123. ↩︎
  16. Mary Mellor, Feminismo y ecología (México: Siglo XXI, 2000), 233. ↩︎
  17. Elisabeth Schüssler Fiorenza, Los caminos de la sabiduría: una introducción a la interpretación feminista de la Biblia (Santander: Sal Terrae, 2004), 93. ↩︎
  18. Schüssler Fiorenza, Los caminos de la sabiduría, 93. ↩︎
  19. Barbara Holland-Cunz, Ecofeminismos (Madrid: Cátedra, 1996), 21. ↩︎
  20. Mellor, Feminismo y ecología, 220. ↩︎
  21. María Elena Simón Rodríguez, Hijas de la igualdad, herederas de injusticias (Madrid: Narcea, 2009), 25. ↩︎
  22. Mellor, Feminismo y ecología, 206. ↩︎
  23. Mellor, Feminismo y ecología, 82. ↩︎
  24. Mellor, Feminismo y ecología, 98 ↩︎
  25. Mellor, Feminismo y ecología, 21. ↩︎
  26. Simón Rodríguez, Hijas de la igualdad, herederas de injusticias, 34. ↩︎
  27. Mellor, Feminismo y ecología, 223. ↩︎
  28. Mellor, Feminismo y ecología, 226. ↩︎
  29. Teresa Sarmento, “Horizontar la vida, para reconocer su trayectoria y obstáculos”, en Libertades, ¿ganadas o perdidas?, ed. Diana de Vallescar Palanca (Madrid: Visión Libros, 2009), 158. ↩︎


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